La transformación del complejo deportivo El Campín entra en una nueva etapa. Corficolombiana, filial del Grupo Aval, adquirió el 51 % del concesionario encargado de la renovación, construcción y operación del emblemático escenario, consolidándose como el socio mayoritario del proyecto que busca redefinir este sector estratégico de Bogotá.
Con esta operación, la entidad aportará el músculo financiero necesario para sacar adelante una de las apuestas urbanísticas más ambiciosas de la capital, manteniendo el esquema de asociación público-privada (APP) con el Distrito y el acompañamiento de los socios originales, quienes aportan experiencia en la gestión de eventos y operación logística.
El plan contempla una inversión total cercana a los 2,5 billones de pesos. De acuerdo con Gustavo Ramírez, vicepresidente de Corficolombiana, la compañía destinará aproximadamente 300.000 millones de pesos durante la fase de construcción. El capital restante se completará con aportes de otros accionistas y financiación a través del mercado financiero.
La participación de Corficolombiana fortalece la estructura económica del proyecto, al sumar su trayectoria en megaproyectos de infraestructura y desarrollo urbano.
El eje central del plan será un moderno estadio de fútbol con capacidad para 50.000 espectadores, completamente cubierto y con estándares internacionales. La construcción de este escenario representará cerca de un tercio de la inversión total, estimada en unos 800.000 millones de pesos.
No obstante, el proyecto va mucho más allá del fútbol. El nuevo complejo incluirá zonas comerciales, hoteles, clínicas, espacios culturales y un auditorio destinado a la Orquesta Filarmónica de Bogotá, además de áreas de esparcimiento que buscan convertir el sector en un polo de actividad permanente para la ciudad.
Uno de los puntos clave del proyecto es la estrategia de obra. Para evitar la suspensión de eventos deportivos y espectáculos, el nuevo estadio se levantará en el costado oriental del predio actual. El escenario existente seguirá en funcionamiento y solo será demolido cuando el nuevo esté completamente terminado.
Según las proyecciones, el estadio estaría listo en aproximadamente dos años, mientras que la totalidad del complejo se desarrollará en un plazo de entre cuatro y cinco años. La concesión tendrá una vigencia de 29 años, periodo en el que se espera recuperar la inversión a través de la explotación comercial del espacio.
El plan también abre la puerta a un cambio de nombre del estadio. Aunque El Campín es un símbolo histórico para Bogotá, la concesión evalúa la posibilidad de adoptar una denominación comercial asociada a un patrocinador, una práctica habitual en escenarios deportivos modernos para garantizar su sostenibilidad financiera.
La decisión aún no está tomada, pero marcaría un giro significativo en la identidad de uno de los íconos del deporte capitalino.

