El oso de anteojos fue visto en predios del departamento, un hecho que despertó alertas entre los habitantes de la zona y llevó a las autoridades ambientales a intervenir para evitar riesgos.

El oso de anteojos fue visto en predios del departamento, un hecho que despertó alertas entre los habitantes de la zona y llevó a las autoridades ambientales a intervenir para evitar riesgos.

La reciente aparición de un oso de anteojos en zona rural de Cundinamarca, en límites entre Villapinzón y el municipio boyacense de Úmbita, encendió las alertas entre habitantes de varias veredas, que en las últimas semanas reportaron su presencia cerca de fincas y predios productivos.

Ante la preocupación de la comunidad, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) salió a aclarar que esta especie no es cazadora de ganado y que su dieta es principalmente herbívora. Según la autoridad ambiental, cuando el oso consume restos de animales lo hace como carroñero, atraído por prácticas inadecuadas como el abandono de animales muertos en zonas boscosas.

Durante recorridos en territorio, funcionarios de la CAR identificaron que en algunos sectores rurales persiste el desconocimiento sobre el manejo de animales domésticos fallecidos. A esto se suma una práctica aún más riesgosa: la entrega intencional de alimentos al oso de anteojos, como frutas, residuos orgánicos o restos de animales, lo que puede generar procesos de habituación y aumentar el riesgo de interacciones negativas con las personas.

La entidad también precisó que el ejemplar avistado corresponde a un oso juvenil, ya destetado, que se desplaza solo y ha sido observado alimentándose de especies propias del ecosistema andino, como gaques y bromelias, lo que evidencia un comportamiento natural.

Según la CAR, la presencia del oso en estos sectores no es un hecho aislado ni anómalo. Responde al uso de su corredor biológico natural, el cual se ha visto progresivamente reducido por el avance de la frontera agrícola y pecuaria, obligando a la fauna silvestre a acercarse cada vez más a zonas habitadas.

La autoridad ambiental fue enfática en advertir que cazar, perseguir o intentar ahuyentar al oso de anteojos constituye una infracción ambiental, además de representar un riesgo tanto para la especie como para el equilibrio de los ecosistemas andinos.

Para evitar nuevos conflictos, la CAR anunció que, junto con Corpochivor, pondrá en marcha acciones de sensibilización y capacitación dirigidas a líderes comunitarios y habitantes de las veredas, con el objetivo de promover la convivencia con la fauna silvestre y desmontar mitos sobre el comportamiento del oso.

Como parte de la estrategia, también se prevé la instalación de cámaras trampa en los sectores donde se han reportado avistamientos, así como la promoción de buenas prácticas ganaderas en predios que colindan con el corredor biológico del oso de anteojos.

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