Un tesoro ambiental de más de 120 hectáreas en la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, vuelve a manos de la CAR tras una larga batalla legal
Después de casi dos décadas de litigio, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) logró recuperar el predio El Verjón Alto, ubicado en la zona rural de Bogotá, luego de que el Tribunal Superior de Cundinamarca confirmara la decisión que reconoce a la entidad como única propietaria de este terreno de uso público y alto valor ambiental.
Un santuario de biodiversidad y memoria ancestral en Bogotá
El predio, que abarca 124 hectáreas de ecosistemas altoandinos y de páramo, hace parte de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, área donde solo se permiten usos de conservación. En este territorio nacen fuentes hídricas que alimentan la cuenca del río Blanco y habitan especies de flora nativa esenciales para los servicios ecosistémicos de la región.
“El predio El Verjón Alto fue adquirido mediante compraventa al Departamento de Cundinamarca en 1996 con fines de conservación, debido a su relevancia ecológica y a la riqueza de su flora altoandina”, explicó Alfred Ballesteros, director general de la CAR.
Además de su importancia ambiental, El Verjón Alto posee un profundo valor ancestral, pues forma parte del territorio muisca (resguardo Saque), donde se encuentran antiguas lagunas sagradas y un tramo del histórico Camino Real Soachí, de 1.775 metros, reconocido por su uso ceremonial y astronómico.
Dos décadas de defensa jurídica
Aunque el terreno fue adquirido legalmente por la CAR en 1996, en 2005 fue ocupado por particulares que alegaban derechos de posesión heredados. Tras años de reclamaciones, acciones judiciales y apelaciones, el Juzgado 45 del Circuito falló a favor de la entidad en 2020. Finalmente, en junio de 2024, el Tribunal Superior de Bogotá ratificó la sentencia, y en julio de 2025, el ocupante entregó el terreno por orden judicial.
“La recuperación de este predio representa para la CAR la oportunidad de proteger, restaurar y conservar un área de páramo, así como de promover la gobernanza ambiental del territorio desde su valor ecológico y cultural”, sostuvo Ballesteros.
Con la restitución del terreno, la CAR proyecta desarrollar programas de educación ambiental con enfoque etnocultural, fortaleciendo la memoria ancestral y la apropiación comunitaria de este espacio, que tras casi 20 años vuelve a ser protegido como patrimonio natural de todos los bogotanos.
