El show de la banda Green Day dejó múltiples denuncias por afectaciones a los barrios vecinos. La polémica crece mientras el escenario defiende sus protocolos.

El show de la banda Green Day dejó múltiples denuncias por afectaciones a los barrios vecinos. La polémica crece mientras Vive Claro defiende sus protocolos.

El esperado concierto de Green Day en el estadio Vive Claro el pasado 24 de agosto reunió a más de 40 mil asistentes, pero también desató una ola de inconformidades entre vecinos de sectores cercanos como Salitre El Greco, Pablo VI, La Esmeralda y Quirinal.

Los residentes aseguraron que el sonido sobrepasó los límites permitidos, llegando hasta los 90 decibeles, cuando la norma establece un máximo de 65 en el día y 55 en la noche.

“La música se escuchaba como si estuviéramos dentro del concierto, las casas vibraban y fue imposible dormir”, denunció un habitante de la zona.

Incluso, varios asistentes al evento se quejaron de la seguridad en las graderías: “Las gradas se mueven horrible, deberían registrarlas en el Servicio Geológico”, escribió un usuario en redes sociales.

La respuesta de Vive Claro

Ante la polémica, la organización del escenario publicó un comunicado en el que aseguró que cumplen con la normatividad vigente en materia de sonido y seguridad.

Explicaron que cuentan con un plan de mitigación que incluye:

  • Calibración de equipos a los límites recomendados por la OMS.
  • Uso de sistemas especializados para reducir emisiones.
  • Instalación de barreras acústicas temporales.
  • Monitoreo permanente en zonas sensibles.

“Nuestros eventos cumplen con la normatividad vigente, pero revisaremos los protocolos para mejorar de manera continua”, señaló Vive Claro.

Debate abierto en Bogotá

La controversia reaviva la discusión sobre la Ley contra el Ruido (Ley 2450), que obliga a las autoridades locales a vigilar la contaminación sonora y proteger la salud de la ciudadanía. En Bogotá, esta responsabilidad recae en la Secretaría de Ambiente, junto a las alcaldías locales y la Policía.

El concejal Julián Espinosa también se sumó al reclamo:

“Anoche en el Vive Claro el concierto de Green Day no solo retumbó en el escenario, sino en todo el sector. Vecinos sin dormir, vibraciones en casas y denuncias sobre la seguridad de las graderías. Exijo revisión inmediata de las autoridades”.

Mientras los fanáticos recuerdan una noche histórica de punk rock, para los vecinos de los alrededores la experiencia fue distinta: ruido, vibraciones y la sensación de que los grandes conciertos aún no logran convivir en armonía con la ciudad.

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