Han pasado casi cuatro meses desde el brutal ataque que estremeció a Colombia y marcó para siempre la vida de Greiber Berrío, un joven venezolano de 19 años, quien fue embestido por una jauría de al menos nueve perros callejeros cuando regresaba a casa tras salir de la iglesia en la localidad de Bosa, Bogotá.
El ataque ocurrió el pasado 25 de marzo en un potrero de la zona y, según los informes oficiales, se prolongó por cerca de 40 minutos. En una entrevista con el programa Más Allá del Silencio, Greiber relató con dolor y valentía cómo sobrevivió.
“Lo único que me quedó fue cubrirme lo más que podía. Me arrastraron a un barranco y allá me mordían por los brazos, por las piernas, por todo lado”, narró. La patrulla de la Policía llegó casi una hora después, cuando los perros todavía merodeaban la escena: “Vi la sirena y le grité al policía que no me dejara solo. Pensé que los perros volverían a colgarse de mi brazo”.
Greiber fue trasladado al hospital de Bosa, cubierto de sangre y en estado crítico. El diagnóstico fue devastador: más de 150 mordeduras, trauma severo y alto riesgo de infección. Pasó 16 días en coma y debió ser sometido a varias cirugías que culminaron en la amputación de ambos brazos y la pérdida de sus orejas para salvarle la vida.
Hoy, Greiber se adapta a su nueva realidad con una resiliencia admirable. Aprendió a usar el celular con los pies y sueña con ser periodista: “Me inspira una vecina en Venezuela que nació sin brazos y lo hacía todo con los pies. Si ella pudo, yo también puedo”.

