El presidente de Colombia, Gustavo Petro, volvió a pronunciarse este lunes en contra del proyecto del Metro elevado en Bogotá, reiterando su postura a favor de una red subterránea para el sistema de transporte masivo de la capital. Según el mandatario, su propuesta de construir un metro subterráneo fue obstaculizada por sus opositores políticos con el propósito de impedir su elección como presidente.

En su declaración, Petro señaló directamente a Guillermo Cárdenas, Germán Vargas Lleras y Enrique Peñalosa como responsables de haber truncado el avance del metro subterráneo que, según él, contaba con estudios de viabilidad completos y estaba listo para su construcción. A su juicio, esta decisión no solo buscaba afectar su carrera política, sino que terminó perjudicando gravemente a la ciudad. “Intentaron bloquear mi camino a la Presidencia, pero finalmente lograron afectar a Bogotá con un daño irreversible”, afirmó el jefe de Estado.

El presidente también hizo énfasis en los efectos negativos que, en su opinión, han derivado de la priorización de sistemas de transporte basados en buses de tránsito rápido (BRT), como TransMilenio, en lugar de apostar por un metro subterráneo. Aseguró que este modelo ha desmejorado la calidad del urbanismo y la movilidad en la ciudad, obligando a los bogotanos a depender de infraestructuras que no solucionan de manera efectiva los problemas de transporte. Además, acusó a sus opositores de haber desviado recursos que podrían haberse destinado a fortalecer la educación pública.

Según Petro, la falta de un sistema de metro subterráneo ha llevado a Bogotá a una crisis urbana donde las soluciones de transporte son insuficientes y poco eficientes. En tono crítico, mencionó que la ciudad ha llegado a un punto en el que “la gente tiene que recurrir al balde de agua y la totuma”, haciendo alusión a la falta de inversión en servicios básicos en comparación con la insistencia en proyectos que, según él, no responden a las necesidades reales de la ciudadanía

Petro también dirigió fuertes críticas hacia la alcaldesa Claudia López y al proyecto del Metro elevado, insistiendo en que su construcción afectará negativamente la movilidad y el desarrollo urbanístico de la capital. En su opinión, este sistema no solo aumentará los tiempos de desplazamiento en la ciudad, sino que también impactará de manera negativa el paisaje urbano.

El mandatario argumentó que el Metro elevado, lejos de mejorar la movilidad, creará más corredores exclusivos para buses, lo que, según él, reducirá la fluidez del tráfico general. Como resultado, sostuvo que este modelo de transporte masivo incentivará aún más el uso del vehículo particular y las motocicletas, lo que contribuirá a una mayor congestión en la ciudad.

Pese a los avances en la construcción del Metro elevado, el presidente reiteró que Bogotá se dirige hacia un deterioro progresivo en su planeación urbana y en sus sistemas de transporte. Como alternativa, propuso la posibilidad de modificar el diseño del proyecto actual y construir un tramo subterráneo en el centro de la ciudad y sobre la avenida Caracas. De acuerdo con su visión, esta solución evitaría que los futuros habitantes de los edificios ubicados en la Caracas tengan que soportar el paso constante de trenes a pocos metros de sus ventanas cada tres minutos.

No obstante, Petro manifestó que esta opción ha sido rechazada por la administración distrital, a la que acusó de mantener una postura inflexible y de aferrarse a lo que calificó como una “idea falsa peñalosista”. Según el mandatario, esta negativa responde a intereses políticos y a la falta de voluntad para reconocer la pertinencia de una alternativa diferente para la movilidad en Bogotá.

Con estas declaraciones, el presidente reafirmó su desacuerdo con el proyecto del Metro elevado y reiteró la necesidad de replantear su desarrollo para evitar lo que considera una crisis irreversible en la movilidad y el urbanismo de la capital.

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